Las grandes preguntas

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Las grandes preguntas de la humanidad no pueden ser contestadas. Nuestro humilde lenguaje nunca logrará abarcar la inmensa incógnita que supone existir en este mundo, por lo que plantearse cualquier respuesta se convierte en un intento pueril de controlar lo incomprensible. Partiendo de tanta desesperanza, los titanes de la vida se plantan frente a nosotros como terribles enemigos desconocidos que, hagamos lo que hagamos, nos derrotarán y aplastarán con sus fuerzas primordiales. Y todo esto sería así si no fuese porque las mismas potencias primigenias que constituyen el universo y nos atemorizan, son las mismas que habitan en todos y cada uno de nosotros como partes indivisibles de la totalidad del cosmos en el que nos encontramos.

La vida limitada por el tiempo y el espacio es sólo una ilusión que la evolución ha impregnado en nuestras mentes para convertir este escenario en un espacio seguro. Los límites de la realidad cada día se presentan más enigmáticos para aquellos que investigan el funcionamiento del perfecto engranaje que nos sustenta, por lo que cada día es más evidente que la finitud y las limitaciones que percibimos son simplemente quimeras que nos ayudan a hacer comprensible lo que nos rodea, no son la propia realidad última. Esto no es nuevo y muchos pensadores ya lo decían, pero considero importante remarcar tan trillado pensamiento porque vivimos en un mundo en el que el materialismo infatilista ha invadido los espacios más insospechados, convirtiendo a la gente en absurdos nihilistas del consumo y el placer vacíos. Todo ese abismo en el que abocamos nuestro terror al sinsentido de la vida es un absurdo. Creer que este universo carece de sentido y propósito nos convierte en víctimas de unas ideas que nos aprisionan en el conformismo autoindulgente y eliminan nuestra capacidad de contemplación y nuestra sana curiosidad.

Como ya he dicho al principio, las verdaderas cuestiones no serán jamás contestadas, y mucho menos en un idioma traducible al nuestro. Pero esto no impide que no podamos comprender de manera intuitiva lo que nuestra razón es incapaz de escuchar. Las fuerzas constitutivas del mundo habitan en nosotros y su contemplación nos ofrece una puerta para recorrer un sendero de conocimiento alejado de las clásicas fórmulas de aprendizaje. Esta contemplación parte de uno mismo y tiene más que ver con una meditación espiritual que con una reflexión filosófica. El mundo necesita de gente que esté dispuesta a abandonar sus pensamientos para observarse en el interior, porque estos seres son los que nos demuestran que tras todo lo terrible y sórdido que habita este mundo, una forma auténtica y alejada del miedo a lo desconocido de comprender el universo existe. Sólo que este estado implica renunciar a la razón y acercarse un poquito más a lo que de una manera burda podríamos llamar locura.

Necesitamos más locos que vean sonrisas en las flores, comprendiendo que su armonía es la misma que titila en las estrellas y acompasa nuestros latidos. Necesitamos más insensatos que prefieran el amor como respuesta a el odio como pregunta. Necesitamos dejar de ver para empezar a mirar, la belleza del mundo y los colosos que lo mueven son los dioses de los que tanto se ha hablado en mitos simbólicos, puertas al mundo de la otredad que nos tiende la mano a lo mágico que se puede respirar en cada instante de la vida si somos conscientes de ello.

La muerte, la vida, el dolor, el placer, son facetas de una máscara de múltiples rostros, y cada uno de ellos está impregnado en todos nosotros con la misma fuerza en la que habita en cada rincón, momento y alma de la existencia que nos rodea. Mirad, contemplad y despertad siempre vuestra curiosidad. Pero que las palabras no nublen lo que el silencio es capaz de revelaros.

El único consuelo

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Es platónico e idealista, pero me da igual. Es lo único que me ha servido todos estos años para no volverme loco y, sinceramente, considero que es la única cosa de esta vida que merece la pena. Suena duro y cruel, pero si de algo se caracteriza el mundo que nos rodea es de ser crudo y despiadado. Pero entre tanto dolor y sufrimiento, existe una esencia divina equiparable a la mayor de las oscuridades en grandeza e igual de poderosa que la mayor de las fuerzas de este mundo, la belleza.

Lo bello de este mundo parece surgir como una necesidad ante el sufrimiento que implica el funcionamiento del engranaje cósmico y mágico de la vida. Al igual que todo lo que nos rodea está marcado por una caducidad y un espíritu efímero, existe también un aura primigenia que impregna todas las cosas y es capaz de manifestar entre tanto dolor las cosas más sublimes que seremos capaces de comprender como especie. Esta quintaesencia que acaricia el mundo es la belleza, capaz de surgir de los rincones más inhóspitos e inesperados, siempre frágil pero poderosa, portadora de esperanza y consuelo a las almas perdidas en los rincones oscuros del vivir.

La belleza es la que hace que los instintos dejen de ser gritos ahogados por la continuidad de la vida para convertirse en hermosas danzas de amor. Gracias a ella las vidas diminutas cobran un sentido dulce ante la impasibilidad de lo inmenso. Nadie es inútil porque todos participamos de lo bello en cada instante del ser, todo y todos formamos esa marea, y nuestras olas son la sinfonía con la que el universo, siempre único e indivisible, canta esta maravilla cruel, viva y hermosa de autoconsciencia. No hay nada inútil ni imprevisto para la belleza, que al fin y al cabo es la que orquesta este orden divino y hace que todos los engranajes de esta colosal y orgánico mecanismo giren siempre hacia un mismo y singular destino.

Este principio constitutivo de la realidad es lo que nos ha permitido comprender el concepto de creación, pues toda belleza nos remite a un momento de génesis en el que hubo un comienzo, un motor inmóvil que comenzó a girar el mundo hacia ese sino infinito e incomprensible para la razón. Ese momento fundacional es recreado por todo el cosmos cada vez que percibimos la belleza en cualquiera de sus rincones y nos recuerda esa chispa divina que se encuentra en todo lo que nos rodea, acercando nuestra comprensión dividida a la hermosa unión que siempre se encuentra dentro de nosotros. Aquellos que se atreven a crear y a fomentar lo bello ofrecen al mundo la oportunidad de comprender lo bueno y lo elevado, porque aproximan las mentes perdidas al paraíso perdido que nunca existió pero siempre habitamos, nuestra propia y fiera naturaleza.

Ante la desesperanza, lo bello nos ofrece un consuelo. Ante lo cruel, lo hermoso nos ofrece un respiro. Porque vayamos donde vayamos, la preciosa serpiente del mundo siempre morderá su cola y nos recordará que la fascinación por el mundo es la puerta de la paz, la bondad y el descanso del alma.

¿Lo escuchas?

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Regresan como ecos lejanos, un rumor arrastrado por el viento. Suena a negro, una sombra portando el rumor de las hojas mecidas por el viento. Los pasos de los muertos retumban en la noche, el latido de un oscuro corazón volviendo a regar las venas de este mundo. Ese sonido siempre regresa a mi, como un escalofrío sin tiempo ni espacio que me suspende por unos segundos.

Como escuchar los engranajes de un mecanismo que no comprendes, el rumor de la vida y su danza con la muerte se palpan como dulces frutas listas para ser saboreadas. El jardín de la creación se presenta lejano e inalcanzable, pero la entrada a su paraíso nunca estubo tan cercana… Esa melodía sin nombre que modela mi corazón, capaz de detener lo inamovible, de sostener lo insostenible…

A ese dulce cantar sin voz desconocido, a esa esperanza sin miedo, ruego que tu santidad sea benevolente conmigo y me permitas conocer más tus misteriosos propósitos. ¿Cuál es el origen de tan melancólico y vivo sonar? ¿Alguien más es capaz de escucharlo? ¿Me estás escuchando ahora mismo?

¿Lo escuchas?

Yo sí.

Mamá

Una de las grandes preguntas de la humanidad es de dónde venimos. La cuestión incontestada de nuestros orígenes nos desnuda ante lo insondable y desconocido de este mundo, quedamos expuestos a su inmensidad abrumadora vírgenes e inocentes. Por ese misterioso motivo, las madres son queridas y adoradas como si fuesen un tesoro, porque son lo más palpable y real que tenemos y conocemos del inicio de nuestra existencia en este universo. Amadas y temidas, veneradas y desquiciantes, las madres suponen el amor hecho sustento y persona. Por ello hoy quiero dedicarle unas palabras a la mía, porque nunca es tarde para recordar nuestros principios y agradecer que alguien, desde lo más profundo de su corazón, decidiera abrirte las puertas de este mágico y maravilloso cosmos.

No sabría por dónde empezar, pero supongo que debería recordarte que aunque madre y mujer, siempre deberías ser como una niña. La vida suele venir cargada y dispuesta a arrasar con todo, porque esa es su esencia, su impulso destruye todo aquello caduco para que en la muerte surja el alimento de las generaciones venideras. Es por eso que es importante ser siempre un niño por dentro, porque aunque la enfermedad y la tristeza piquen a nuestra puerta, siempre haya siempre un germen ansioso de seguir experimentando y de seguir creciendo. No olvides que aunque las hojas caigan las primaveras siempre comienzan bajo tierra, con los primeros brotes luchando por salir a la luz. Así que este es mi primer consejo, de hijo a madre, no te olvides de ser una niña.

Las siguientes palabras no son ni consejos ni avisos, tan sólo momentos que te dejo escritos para tu reflexión, porque tu amor lo merece y porque nunca está de más volver a escribir la palabra gracias. Nadie nos enseña a ser padres, por eso conseguir que alguien a quien traes al mundo se convierta en un ser humano completo debería ser considerado un mérito loable. Creo que, si no es mucho presumir, algo de todo eso has logrado conmigo. Probablemente no soy aquello que te imaginabas, pero posiblemente soy mucho más de todo aquello que piensas. Y todo eso te lo agradezco de todo corazón, porque con todas nuestras virtudes y defectos has logrado en convertirme en alguien capaz de experimentar todo eso, vivo y consciente, capaz de transformar las cosas malas en experiencias para aprender, y las buenas en regalos para compartir. Gracias por ser buena y comprensiva y perdóname si en ocasiones me cuesta comprender algunos de tus defectos. La virtud es un músculo que necesita ser ejercitado constantemente y gracias a todo lo que has hecho por mi podré seguir haciéndolo durante mucho tiempo orgullo de mis orígenes.

Seguiré sin saber de dónde venimos, porque probablemente a mi no me toca responder esa pregunta. Pero sepa o no la respuesta, puedo afirmar que mi agradecimiento y mi corazón siempre acompañarán a la persona que me trajo a este gran misterio que es la vida.

Con todo mi amor, te quiero madre.

 

Manual de objetos perdidos

Hay tantas cosas que pueden perderse en esta vida que resulta tarea imposible olvidarse del deber de extraviarlas. Cada paso es una oportunidad para dejar caer algo de importancia que no queríamos perder, una ocasión estupenda para redescubrir el placer de desnudarse sin querer. Y es que no hay mayor placer triste que la perdida de las anclas que nos impiden navegar el mar del desapego.

Comenzaré recordando al navegante que no existe posesión que no nos posea. Aquello que atesoramos nos encierra en nuestro baúl de conformidad, nos aprisiona en la cárcel de los ríos muertos. Y es que dónde no hay movimiento no puede haber vida, por lo que aquello en lo que nos aferramos nos mata poco a poco para disecar nuestros sentimientos y emociones. Esta es una de las grandes razones que hacen de la pérdida algo hermoso, logrando que en cualquier momento lo perdido se convierta en una fragancia de vida que retorna del mundo de los muertos, despertando el recuerdo real que encerramos en ese objeto como el genio de una antigua lámpara maravillosa, siempre dispuesto a maravillarnos desde lo más remoto de nosotros mismos.

No existen tesoros hundidos para los peces que surcan los océanos, sólo paisajes hermosos que son acariciados y corrompidos por las aguas, viejos testimonios de antiguos susurros del tiempo que se convierten en el hogar de nuevas oportunidades, ocasiones que se pierden si las lágrimas no nos permiten comprender que el único saquito que merece la pena llevar lleno es el del corazón. Una bolsa de piel invisible que cobija los tesoros que no se pueden tener si no se viven, aquellas maravillas que sólo protegen los dragones del amor con sus llamaradas de dulzura y paciencia.

Nada está perdido para el que lo ha perdido todo, dijo una vez alguien muy sensato. Y qué insensatez creer que el no encuentra es porque ha olvidado. Probablemente el que no halla es porque no tiene motivos reales para descubrir nada, porque no hay cosa que merezca la pena en esta vida que se pueda ubicarse realmente sin antes buscarlo donde las manos no llegan y los ojos no alcanzan.

Si pierdes no busques, ya has encontrado más de lo que has extraviado. Te lo prometo.